Múltiples pasaportes en 2026: por qué los más ricos del mundo se replantean la ciudadanía como activo estratégico

Tener más de un pasaporte ya no es una oscura peculiaridad legal reservada a diplomáticos y familias con doble nacionalidad. Se ha convertido en una de las decisiones más meditadas y trascendentales en la planificación a largo plazo de una persona con un elevado patrimonio neto. Alrededor de tres de cada cuatro países permiten actualmente la doble nacionalidad o la nacionalidad múltiple, lo que supone un cambio radical con respecto a épocas anteriores en las que las leyes de nacionalidad eran mucho más rígidas. Esa apertura normativa, combinada con un mundo cada vez más definido por la volatilidad geopolítica, la complejidad fiscal y las perturbaciones económicas transfronterizas, ha hecho que la cuestión de la ciudadanía no sólo sea relevante, sino estratégicamente urgente.

Para quienes tienen un patrimonio importante que proteger, los pasaportes múltiples representan algo más que una comodidad de viaje. Representan derechos legales duraderos, diversificación jurisdiccional y el tipo de opcionalidad que los inversores sofisticados aplican a cualquier otra dimensión de su cartera.

La magnitud del cambio: Una migración de riqueza sin precedentes

Las cifras por sí solas cuentan una historia convincente. Las reubicaciones de millonarios alcanzaron un nuevo máximo de 142.000 en 2025, y las previsiones para 2026 sugieren que podrían trasladarse hasta 165.000, lo que podría suponer la mayor migración de riqueza jamás registrada.

No se trata de una reacción a corto plazo a un acontecimiento puntual. Es una tendencia estructural. La migración de las personas acaudaladas y de la riqueza privada ha pasado de ser un repunte pospandémico a convertirse en un fenómeno autosostenido a largo plazo, en el que las personas con un elevado patrimonio neto ya no se limitan a protegerse frente a la incertidumbre, sino que se posicionan estratégicamente, junto con sus familias y sus activos, para aprovechar las oportunidades de crecimiento en un mundo cada vez más fragmentado.

Según un informe sobre la riqueza elaborado por Knight Frank, más del 25% de las personas con un patrimonio muy elevado están buscando activamente un segundo pasaporte. Las motivaciones son variadas, pero convergen en una lógica común: en un mundo en el que ninguna jurisdicción puede garantizar la estabilidad, la diversidad jurídica es una forma de resiliencia.

Por qué la ciudadanía se ha convertido en una decisión de cartera

El lenguaje de la ciudadanía está cambiando entre los asesores patrimoniales y sus clientes. Cada vez se habla más de ella, no como una mejora del estilo de vida, sino como una clase de activo con un valor medible ajustado al riesgo, que ofrece rendimientos en las dimensiones jurídica, financiera y personal simultáneamente.

Los inversores crean cada vez más carteras con dos o tres estatutos de residencia y ciudadanía para mitigar el riesgo y optimizar la fiscalidad. Una segunda nacionalidad ya no es un mero símbolo de estatus o una forma de acceder sin visado a determinados países. En 2026, los inversores ven un segundo pasaporte como una solución a las restricciones: acceso al sistema bancario mundial, optimización fiscal y un refugio seguro fiable.

Esta evolución refleja una mentalidad posnacional, en la que la movilidad, el acceso a los datos y la diversificación soberana son activos tanto personales como corporativos.

Riesgo geopolítico y demanda de un “plan B”

El riesgo político se ha convertido en uno de los principales motores de la demanda de segundas nacionalidades. A nadie le gusta la incertidumbre y, para muchas personas adineradas, la inestabilidad política y económica de su país de origen es una de las principales preocupaciones. Una segunda nacionalidad proporciona una red de seguridad: un entorno estable en el que pueden reubicarse o proteger sus bienes si las circunstancias empeoran.

Esta preocupación no es abstracta. El creciente número de conflictos militares en todo el mundo ha llevado a muchas personas adineradas a dejar de lado la planificación de la inmigración a largo plazo y por fases, y a buscar en su lugar programas que les permitan obtener un segundo pasaporte para todos los miembros de la familia en un breve plazo de tiempo.

El Reino Unido ofrece un caso especialmente instructivo. Tras la abolición del régimen fiscal de no domiciliados en marzo de 2024, el Reino Unido experimentó una salida histórica de millonarios. Solo en el primer trimestre de 2025, las solicitudes de nacionalidad británica por inversión aumentaron un 183% en comparación con el mismo periodo del año anterior.

Optimización fiscal: De herramienta de planificación a necesidad estratégica

Para las personas con un elevado patrimonio neto, la dimensión fiscal de la segunda nacionalidad ha adquirido una importancia considerable. La optimización fiscal a través de la segunda nacionalidad se ha convertido en una estrategia fundamental para la conservación del patrimonio en 2025, ya que los tipos impositivos mundiales han alcanzado máximos históricos en los centros financieros tradicionales. Obtener la nacionalidad en jurisdicciones fiscalmente eficientes puede crear ventajas estructurales inmediatas.

Las ventajas financieras van más allá de las consideraciones fiscales. La normativa bancaria restringe cada vez más los servicios en función de la nacionalidad y no de la residencia, lo que hace que ciertas oportunidades de inversión sean inaccesibles para los ciudadanos de determinados países. La segunda nacionalidad puede abrir el acceso a servicios bancarios internacionales, fondos de inversión y opciones de gestión de patrimonios que de otro modo no estarían disponibles.

Países como Mónaco, las Islas Caimán y San Cristóbal y Nieves tienen políticas fiscales favorables, que incluyen un impuesto sobre la renta nulo, ningún impuesto sobre las plusvalías y ningún impuesto de sucesiones, lo que los convierte en destinos persistentemente populares para quienes buscan reestructurar su exposición fiscal de un modo legalmente conforme.

Continuidad empresarial y expansión transfronteriza

Los empresarios y ejecutivos que operan en múltiples mercados se enfrentan a un reto diferente pero igualmente acuciante: la fricción que supone depender de visados temporales y permisos vinculados a la empresa para realizar negocios a escala internacional. Una segunda nacionalidad elimina gran parte de esas fricciones.

Obtener la nacionalidad maltesa o portuguesa, por ejemplo, da acceso a toda la Unión Europea, lo que permite a los empresarios operar libremente en los 27 Estados miembros. Para quienes gestionan empresas, carteras de inversión o consejos de administración en distintas jurisdicciones, la posibilidad de desplazarse y trabajar sin tener que obtener repetidamente autorizaciones de inmigración no es una comodidad, sino una ventaja competitiva estructural.

Legado, educación y planificación multigeneracional

Para las familias con hijos y preocupaciones generacionales a largo plazo, la segunda nacionalidad ofrece ventajas que se extienden décadas en el futuro. Un segundo pasaporte puede abrir las puertas de prestigiosas universidades y escuelas. Muchos países ofrecen tasas de matrícula más bajas u oportunidades educativas exclusivas a los ciudadanos, lo que lo convierte en una inversión atractiva para las generaciones futuras.

Y lo que es más importante, la ciudadanía adquirida hoy no expira con el solicitante. La posibilidad de incluir a las personas a cargo, normalmente el cónyuge y los hijos, significa que las familias pueden acceder a mejores opciones de educación y asistencia sanitaria, mientras que los inversores obtienen más opciones para planificar su legado y proteger sus activos de una generación a otra.

El cambiante panorama de la migración de inversiones

El marco mundial para adquirir la ciudadanía por inversión ha madurado considerablemente. En 2025, más de 95 países aplicaban alguna forma de ciudadanía por inversión o residencia por inversión, generando más de $25 billones anuales de inversión extranjera directa.

Nuevos programas que amplían el ámbito geográfico

El mercado de CBI ya no se concentra únicamente en el Caribe y en un puñado de jurisdicciones europeas. En los últimos años han surgido nuevos programas en África y América Latina, ampliando las opciones disponibles para los inversores con mentalidad global.

Santo Tomé y Príncipe lanzó su programa de ciudadanía por inversión en 2025, ofreciendo la ciudadanía a partir de una inversión mínima de $90.000, con todo el proceso totalmente a distancia y completado en aproximadamente dos meses. Mientras tanto, Argentina se prepara para lanzar lo que sería el primer programa de ciudadanía por inversión de América Latina, con un umbral mínimo de inversión previsto de $500.000, y también se espera que Botsuana y San Vicente y las Granadinas lancen programas en 2026.

El Caribe sigue siendo el núcleo maduro

A pesar de esta diversificación geográfica, el Caribe sigue dominando el mercado de la ciudadanía inversora. San Cristóbal y Nieves ocupó el primer lugar entre los programas de CBI en 2025, seguido de Dominica y Granada, y los cinco países caribeños de CBI ofrecen vías a través de contribuciones no reembolsables a fondos estatales o inversiones inmobiliarias.

En 2024, los países del Caribe firmaron un memorando de intenciones por el que se establecía un umbral mínimo unificado de inversión de 200.000 euros, y en 2025 acordaron también introducir requisitos mínimos de residencia para los inversores, señales de que la región está profesionalizando sus normas de gobernanza y posicionándose para lograr credibilidad a largo plazo.

Europa: Más complejo, pero aún viable

El panorama europeo ha cambiado significativamente. En 2025, ningún país de la UE seguía ofreciendo directamente la ciudadanía por inversión, tras la sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea al respecto. Sin embargo, Portugal, Malta, España, Grecia e Italia siguen siendo los principales destinos europeos para las personas adineradas, y cada uno de ellos ofrece vías de residencia que pueden conducir finalmente a la ciudadanía por naturalización.

Para quienes valoran el acceso a la UE, la vía sigue abierta; simplemente exige un compromiso a más largo plazo: primero la residencia y luego la ciudadanía mediante la integración a lo largo del tiempo.

Diligencia debida: La norma no negociable

A medida que proliferan los programas, también lo hace el escrutinio normativo. Las normas de diligencia debida se han reforzado considerablemente, y la mayoría de los programas emplean ahora múltiples empresas de verificación independientes junto con controles de seguridad gubernamentales. Este mayor escrutinio mejora la reputación del programa, pero puede alargar los plazos de tramitación.

Para los solicitantes serios, esto es una característica más que un inconveniente. Una diligencia debida rigurosa protege el valor de la ciudadanía garantizando que los programas sigan siendo reconocidos y respetados internacionalmente, que es en definitiva lo que hace útil un segundo pasaporte.

Nota sobre el contexto estadounidense

Para los ciudadanos estadounidenses en concreto, el panorama de la doble nacionalidad entraña una complejidad adicional que merece la pena vigilar. La Ley de Ciudadanía Exclusiva de 2025, presentada en el Senado de EE.UU., pretende eliminar la doble nacionalidad para los ciudadanos estadounidenses, exigiendo a quienes posean otra nacionalidad que elijan entre sus pasaportes. Si se aprueba en su forma actual, el proyecto de ley convertiría a Estados Unidos en un país de lealtad exclusiva, lo que afectaría directamente a la movilidad, las estrategias de residencia de las inversiones, la planificación a largo plazo y las consideraciones fiscales de los estadounidenses de alto patrimonio neto con carteras internacionales.

El proyecto de ley no ha sido aprobado y su trayectoria sigue siendo incierta. Pero para los estadounidenses que ya tienen la doble nacionalidad o que la están buscando activamente, este hecho merece la atención de un asesor jurídico cualificado.

Lo que hay que saber sobre estrategia

En 2026, la ciudadanía múltiple se entiende mejor como una forma de diversificación soberana, el equivalente legal de no mantener todos los activos en una única moneda, un único mercado o una única institución.

La ciudadanía se percibirá cada vez más no como una identidad fija, sino como una cartera de inversiones, no de acciones, sino de varios estatutos jurídicos que sirven a distintos fines: movilidad global, reducción de impuestos, desarrollo empresarial y acceso a la educación.

Para los particulares y las familias que gestionan un patrimonio importante a través de las fronteras, la cuestión ya no es si considerar la posibilidad de un segundo pasaporte, sino qué combinación de residencia y ciudadanía se ajusta mejor a sus objetivos específicos de planificación, y cómo actuar antes de que las ventanas normativas se estrechen aún más.

Es poco probable que el mundo se vuelva más predecible. Las herramientas legales para navegar por esa imprevisibilidad están disponibles ahora, y la ventana para actuar inteligentemente permanece abierta. Los inversores más eficaces ya la están utilizando.

 

 
 
Este artículo tiene fines informativos generales. No constituye asesoramiento jurídico, fiscal o financiero. Las personas deben consultar a asesores cualificados sobre sus circunstancias específicas antes de tomar cualquier decisión relacionada con la ciudadanía o la residencia.
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